«La poesía según Google»

El buscador ha desarrollado un traductor de poesía que aspira a alcanzar la forma perfecta. Si la poesía es una de las artes más elevadas, su traducción es el secreto de ese arte, la llave que permite al lector entrar en el universo de emociones del escritor. Valgan aquí una vez más las palabras de Robert Frost, en las que afirma que «la poesía es aquello que se pierde en la traducción».

En otro alarde de poderío técnico, Google aspira a lograr lo hasta ahora (casi) imposible: traducir de forma automática cualesquiera textos poéticos que caigan en sus virtuales manos.

Un usuario, navegando por el buscador Google

El buscador presentó hace poco menos de un mes en una conferencia en Massachusetts un software que permite traducir poesía y que funcionaría de forma similar a su bien rentabilizado traductor. El ingeniero Dmitriy Genzel, padre junto a Jakob Uszkoreit y Franz Och de la poética criatura, ha sido el encargado de dar a conocer en la Red (la política de comunicación de Google es tan críptica como sus algoritmos) las virtudes de la «Poetic Machine Translation» (Poética de Traducción Automática). Genzel reconoce que fue por «mera curiosidad académica por lo que nos propusimos poner a prueba los límites de la traducción poética», para después afirmar que los resultados del experimento fueron «gratamente satisfactorios».

Un experimento que, siguiendo la senda investigadora de Douglas Hofstadter, defensor de la forma poética en la traducción «para mantener el sentimiento y la musicalidad», llevó a los ingenieros de Google a «sacrificar un poco la precisión en la traducción para conseguir la forma poética correcta». El software desarrollado por Google se opondría así a la corriente de Vladimir Nabokov, histórico partidario del significado de los versos frente a la métrica y la rima. Pero tanto Nabokov como Hofstadter pensaban, sin duda, en un traductor humano, capaz de ponerse en la piel del poeta e interpretar para el lector sus sentimientos... nunca en una máquina. Con humildad de ingeniero superdotado, Genzel reconoce que «la traducción de poesía es una tarea compleja para los seres humanos y claramente lejos del alcance de cualquier sistema automático actual», por lo que se «limitaron» a investigar los retos puramente técnicos de la generación de traducciones con rima fija y sistemas de métrica.

Incredulidad y escepticismo

El resultado es una máquina sistemática de traducción estadística que aún no está online, pero que además permitiría convertir cualquier texto en poesía y cuya «inteligencia» es tal que hasta decidiría qué género le sienta mejor a los versos seleccionados. Unas aspiraciones sólo propias del gigante Google y que provocan incredulidad y escepticismo entre poetas, traductores y editores españoles.

Así, Pepo Paz, responsable de la editorial Bartleby, considera que «Google es un “gran hermano” que nos vigila y somete» e imagina que «detrás de todo esto se haya su empeño por digitalizar el universo de los libros en todas las lenguas posibles». Paz no cree posible que puedan traducir automáticamente un poema, opinión también sostenida por Manuel Rico, poeta y editor, quien vincula este intento con Google Books, pues «ir a las sutilezas de la poesía es imposible con una máquina».

Pero lo cierto es que, como apunta el poeta Eduardo Jordá, (su último libro, «Pero sucede», está publicado en Renacimiento) no deja de sorprender que se hayan tomado en serio la tarea de traducir poesía. «Dicen que van a ser capaces de respetar el metro y la rima, pero ¿y qué pasa con la música, con la entonación? La poesía —la buena poesía— alcanza la mayor capacidad evocativa y asociativa del lenguaje humano y no creo que un algoritmo inventado por Google haya conseguido descifrar su misterio». Habrá que esperar a ver para creer.

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